domingo, 29 de agosto de 2010

Sin rumbo

Mientras caminaba a la deriva, iba pensando "que viejo el bar
rio, deben tener mil cachureos adentro, qué ganas de robármelos" Y así comencé a divagar sobre las cosas antiguas, no necesariamente del año del hilo negro, sino que las cosas que cada uno guarda como "cosas viejas", en una caja de zapatos, o en mil cajitas como es mi caso.
Llegué a la calle Caupolicán, dónde me encontré con muchos anticuarios, impregnados de ese olor a viejo, a humedad. Quise ir más allá y entré como Pedro por su casa a uno de estos "santuarios" de lo viejo. Allí hablé con la señora que estaba a cargo, y mientras ella me mostraba las cosas que estaban en vitrina o simplemente estaban dispuestos en una suerte de mueble, yo miraba unas muñecas antiquísimas y pensaba "cuánto cariño le habrá tenido la dueña de esa muñeca para haberla tenido tanto tiempo" En esta casa especialmente, las cosas estaban como nuevas, como si el tiempo no hubiese pasado sobre ellas; en cambio en los demás anticuarios, las cosas estaban viejas, sucias y descuidadas, lo que igualmente llama la atención a quién las mire.

Objetivo

Evocar la nostalgia del pasado mediante una serie de objetos personales dispuestos de manera ordenada sobre la pared.





La nostalgia del objeto

La pérdida de significación de las cosas, hoy inexistentes o desechables, nos está privando del anclaje en el tiempo que resulta esencial para la construcción de la historia social, así como de la saga personal de cada uno de nosotros.

Los objetos, por mas que sean cosas inanimadas, cargan con un tremendo valor emocional para cada individuo, y por esto es indispensable rescatar aquellas cosas que nos hacen rememorar distintas épocas de nuestras vidas, tales como la infancia (que la mayoría dejó de recordar hace mucho), y la adolescencia.

Son estas cosas, que para muchos son puros cachureos inservibles y que sólo acumulan más basura, los que nos hacen una persona única, con nuestros propios recuerdos.
Quizás para una persona ver esquelas aromáticas le evoque la felicidad de la niñez, para otros, la pena de que esta nunca volverá. Sin embargo, uno no puede pasar inadvertido frente a estos "cachureos" que fueron parte fundamental en nuestra historia.

En definitiva, lo que lleva al ser humano a acercarse a los objetos del pasado, incluso a coleccionarlos con avidez, es el intento de recuperar, de esos silenciosos testigos, las vivencias de las que se impregnaron.