rio, deben tener mil cachureos adentro, qué ganas de robármelos" Y así comencé a divagar sobre las cosas antiguas, no necesariamente del año del hilo negro, sino que las cosas que cada uno guarda como "cosas viejas", en una caja de zapatos, o en mil cajitas como es mi caso.
Llegué a la calle Caupolicán, dónde me encontré con muchos anticuarios, impregnados de ese olor a viejo, a humedad. Quise ir más allá y entré como Pedro por su casa a uno de estos "santuarios" de lo viejo. Allí hablé con la señora que estaba a cargo, y mientras ella me mostraba las cosas que estaban en vitrina o simplemente estaban dispuestos en una suerte de mueble, yo miraba unas muñecas antiquísimas y pensaba "cuánto cariño le habrá tenido la dueña de esa muñeca para haberla tenido tanto tiempo" En esta casa especialmente, las cosas estaban como nuevas, como si el tiempo no hubiese pasado sobre ellas; en cambio en los demás anticuarios, las cosas estaban viejas, sucias y descuidadas, lo que igualmente llama la atención a quién las mire.
Objetivo
Evocar la nostalgia del pasado mediante una serie de objetos personales dispuestos de manera ordenada sobre la pared.
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